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Creer o no creer, esa es la cuestión

Cuando nos cuentan algo le damos entidad al mensaje, de acuerdo al emisor o al objeto del que nos están hablando. Es decir, hacemos una comparación de la verosimilitud de lo que nos dicen y de la confianza que tenemos -tanto- de la fuente, como del hecho o de la persona afectada por el mensaje.

Día a día, las personas vamos recorriendo un camino y dejando una huella: la reputación.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, reputación es la opinión o consideración en que se tiene a alguien o algo; también es el prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo.

Cuando se conoció a través del artículo de Jorge Lanata la existencia de una bolsa en el baño del despacho de la ministro de economía, lo que se estaba poniendo en juego era la reputación de las partes a saber: de Felisa Micelli y el Gobierno y, la de Jorge Lanata, el periodista.

Porque todos los políticos son corruptos, no significaba necesariamente -ni lo significa-, que el dinero tenga origen espúrio. Como tampoco, en ese momento; PERFIL publicaba el hecho ya que está enfrentado con la Secretaria de Medios por la pauta oficial.

Por lo menos la reputación de las partes  no hacían pensar ello.

El supuesto hecho de corrupción, a pesar de ser verosímil -por la naturaleza política de la implicada- para dotarlo de contenido le hacía falta una fuente confiable. ¿Por que?

Porque si no es así, lo único que se hace es validar un acto ínvalido, por el desprestigio de la fuente, por su mala reputación.

En Tucumán, todos los domingos amanecemos con tapas catastróficas que denuncian supuestos hechos de corrupción. Con títulos que nada tienen que ver con el contenido de las notas, escritos por pseudos periodistas que quieren convertirse en Lanatas a la tucumana.

Los artículos, están cargados de intencionalidad y faltos de datos, que puedan por lo menos acercar la verdad a los lectores. Muchos, que por afinidades con el medio, o enfrentamientos con los implicados en las denuncias, quedan mal parados en una conversación por falta de datos concretos.

La reputación, es ese algo que se va generando a través de los años.

A través de la coherencia, y el buen desempeño, puede convertirse en un activo favorable. La falta de coherencia, generalmente genera mala reputación.

A veces nos puede dar bronca que los personajes tengan buena reputación, a pesar de conocer a las personas. A veces, cuando un candidato a gobernador anuncia que no va a percibir emolumentos públicos, haciendo gala de una transparencia que se oscurece rápidamente al conocer uno que el anunciante es poseedor de una jubilación de privilegio.

A veces uno no puede entender como determinados políticos que comenzaron en una agrupación al conocer sus proyectos nota que pasaron por dos o tres bloques diferentes.

O cuando se escriben notas de políticos sin contextualizarla, en las que parecen que son recién venidos a la vida pública, cuando sabemos que no es así. O tal vez, cuando los problemas mineros no existen para determidos medios, pero si las “acciones de RSE (remordimiento social corporativo).

El contrato de lectura con los medios que tienen las personas no es infinito y gracias a la tecnología, existe hoy un lector que se nutre de diferentes fuentes.

Hoy la coherencia, es la que va generar una reputación. En cada uno está en que sea buena reputación o mala reputación.

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