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Elecciones en Córdoba: el recuerdo del Tucumán del ´99

Días antes del 29 de junio de 1999, luego de trabajar en el armado de los originales de voto de los sublemas del PJ, nos encomendaron la realización del escrutinio privado para las fórmulas de Gobernador y Vice, del frente que llevaba como candidatos a Julio Miranda y Sisto Terán.

Pasamos dos días, y sus correspondientes noches, trabajando en el armado de todo el sistema. Desde las planillas para los fiscales, hasta el programa que nos iba a permitir realizar la sumatoria de votos.

El centro de cómputos: las oficinas de Turismo Panorama, en la calle Rivadavia, entre Mendoza y San Martín. El lugar lo había puesto a disposición Rafael Bulacio, el ex intendente bussista de la capital, que en esa elección iba con el Frente de la Esperanza como candidato por San Miguel de Tucumán.

Si todo salía como estaba planeado, sería todo simple: una vez concluido el escrutinio en las escuelas, los fiscales de mesa tenían que llevar las planillas al Centro de Cómputos, en donde nosotros realizaríamos el ingreso de datos. Los datos de las mesas del interior, alejadas de San Miguel, se dictaban por teléfono primero, y luego tenían que llegar a nuestras oficinas.

Era un día gris, nublado y frío.

Durante la mañana llevamos dos pc´s, controlamos todo y nos fuimos a comer. En el trayecto de vuelta, me encontré con Pancho, y se sumó al grupo de trabajo en calidad de aguante.

Ese domingo, además Boca Juniors jugaba frente a Independiente por la última fecha del Clausura. Fue el día que el Boca de Bianchi perdió el invicto frente a los rojos, por 4 a 0, con el gol de medio cancha de Calderón.

Me acuerdo, que fuimos a ver el partido a un bar, y finalizada la goleada a realizar nuestro trabajo. Con los datos de elecciones anteriores, sabíamos muy bien que si en determinados  circuitos de la capital el PJ hacía una digna elección, podía llegar a ganar la contienda. Además teníamos una encuesta, no publicada en los medios, que afirmaba que en Tucumán iba a haber un empate técnico. Es decir que dado el error muestral, era imposible determinar quién iba a ser el ganador.

Esto es así ya que toda investigación de mercado se la realiza con intervalos de confianza. Mediante procedimientos estadísticos se determinan esos niveles. Algunas son con un error del 3%, otras del 5%. Eso implica que los resultados, o conclusiones, de las encuestas pueden estar un 3% para arriba o un 3% por debajo de lo previsto: si los resultados son menores a esos rangos, existe empate técnico.

Según esa encuesta, en Tucumán, la diferencia iba a ser menor del 1 o dos puntos. Es decir 4 mil a 8 mil votos. 

 Hugo Haime por su parte afirmaba que si se sumaban los votos de todos sublemas del PJ, Miranda sería el ganador.  Apostaban al no corte de boletas.El panorama era muy complejo.

Antes de finalizado el escrutinio, las encuestas a boca de urna, le daban a FR el triunfo por 10 puntos de diferencia. Los medios de comunicación locales y nacionales, difundían esos datos, como si fueran la realidad y no solamente pronósticos pasibles de errores.

Un poco después de las 18 horas cuando volvíamos de ver el partido, el panorama era desolador en nuestro lugar de trabajo. Las caras largas puertas adentro de los pocos dirigentes  contrastaban, con la algarabía de los xeneises que a pesar de la derrota eran campeones.

Con las encuestas a “boca de urna”, los peronistas eran los perdedores. Los sondeos daban que Ricardito Bussi era el nuevo gobernador de la provincia. Aunque había cosas extrañas, por ejemplo, los bussistas festejaban pero como no convencidos.

Nosotros nos sentamos en nuestros puestos de trabajo, tratando de justificar nuestra contratación esperando las primeras planillas.

Pasadas las 21 horas, no teníamos datos alguno. Llegó Tognetti de CQC, y antes de comenzar con su cobertura, lo invitaron cordialmente a retirarse.

Un histórico militante y dirigente peronista tucumano, en estado de ebriedad irrumpió en las oficinas y con una pistola –fuera de si- culpaba a los dirigentes que estaban apostados de ser traidores. No podía entender la derrota.

Agrego que fui testigo preferencial, luego de que mi viejo, me empujara  debajo del escritorio, protegiendome del potencial tiroteo.

De a poco, los encargados de seguridad lo calmaron, le quitaron el arma, y a los pocos minutos, se nos sumó a nuestra oficina. Nosotros le convidamos una medida de whisky, y le contamos lo que ibamos a hacer. Él rememoraba viejas epocas de “verdadera militancia peronista”

Pasadas las 23 horas, el vacío de datos era ya, por lo menos, atormentador. Los fiscales ni las planillas aparecían. Llamábamos a los fiscales generales, y éstos estaban o comenzando el conteo o a mitad del mismo.

Era natural, la gente había ido a votar a último momento, y la cantidad de sub-lemas (y su consecuencia mediata: las peleas entre los fiscales), demoraban el cierre del escrutinio.

Cerca de las 12 comenzaron a llegar los primeros datos. Otra cosa extraña: no había datos de capital. Los fiscales de mesa del interior, llegaban contentos… las llamadas era optimistas.

En un momento, los 10 puntos pronosticados por los encuestadores, se hacían añicos. A medida que ingresábamos los datos, y comparábamos con los históricos, circuito por circuito le daba al Frente liderado por  Miranda, un triunfo por un punto. Es decir 4000 votos.

Aparentemente la última encuesta estaba en lo cierto.  Ádemás, los peronistas no habían cortado los votos en el interior, pero si en la Capital.

En el correo, no habían novedades.

Sabíamos que nuestra capacidad operativa, iba a ser más rápida en las primeras horas. Luego el nivel de procesamiento de datos del correo nos iba a sobrepasar. No importaba, porque nuestro trabajo era tratar de trazar una tendencia.

Pasada ya la medianoche, nuestros datos eran contundentes. El peronismos volvía a la gobernación.

Tuvimos que llamar los dirigentes peronistas ausentes, quiénes habían dado por perdida las elecciones. Por los datos en boca de urna.

 A su vez convocamos a TODA la prensa, nacional y provincial. Uno a uno les explicamos la situación. ¿Cómo iban a entender que se habían equivocado a instancias de las encuestas!

Algunos nos decían que habían cerrado las ediciones y que no podían publicar las novedades. Todos menos el diario La Gaceta, que decidió parar la impresión del diario, y reveer la situación.

En esa época no existían portales, como Tucumán Noticias, ni el concepto de información on line, minuto a minuto.

En la madrugada de a poco los dirigentes iban llegando. Se sumaban los fiscales… aparecían las planillas.

A las 02 llegó el fotógrafo de la Gaceta, y sacó la foto que saldría en la portada ese día. Luego de explicar lo que sicedía, el diario había decidido parar la impresión!!

Por lo que había retrasado su salida, después de las 5 am, cuando normalmente a las 3 ya está distribuyéndose.  Ganaba Miranda, perdía Bussi.

Esa noche fue conocida como aquella en que Tucumán se acostó con un gobernador y se levantó con otro. Al otro día los bussistas gritaban que había fraude, que les habían robado la elección.

La realidad es que unos se habían proclamados ganadores con datos de encuestas, y otros con los de las urnas.

Esto llevó a que se dicte una ley nacional en donde se prohíbe la difusión de bocas de urnas hasta dos horas después de finalizado el acto eleccionario.

La Justicia electoral, determinó que el escrutinio definitivo se lo realice en el predio ferial de El Bajo. Respetando la ley, se abrieron las urnas que tenían problemas. Las otras se recontaron a través de las actas, en las que no había discusiones.

Es lo que la ley dice que hay que hacer… porque las actas de escrutinio van firmadas por  todos los fiscales. En la mesa se dirimen las diferencias. Cuando son irreconcilibles recién interviene la Junta Electoral. Si los fiscales de cada fuerza se ponen de acuerdo, lo que dice el acta, es la realidad.

Pedir que se recuente voto por voto, en las urnas en las que las actas están firmadas y concesuandas por los fiscales, es confundir a la ciudadanía.

La situación Tucumán del ’99 es similar a la de Córdoba del ´07. Pedir que se cuente urna por urna cuando no existen problemas o en las actas, es un ridiculez. La ley dice el que escrutinio definitivo hay que hacerlo con las actas. Firmadas por las autoridades (presindentes y vocales de mesa, más fiscales) en las que no haya observaciones.

En las que hay problemas (falta de actas, que no concuerden cifras de votantes con votos emitidos, o que esten recurridas por los fiscales) son las que se deben abrir. Las otras, no tiene sentido.

Una vez finalizado, se incineran las urnas, y las actas se guardan. Lo dice la ley, también.

Espero que cuando esto suceda no tiñan este paso como algo ilegal o sospechoso. Por el bien de la institucionalidad córdobesa.

Quién gane o pierda, a mi poco me interesa.

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