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Tirar la toalla y jugar el partido por otro

Cierran las campañas electorales en Tucumán para las elecciones del 28 de agosto. Elecciones que definirán, ni más ni menos, quiénes guiarán el destino de esta provincia y de los tucumanos.

Todo indica que José Alperovich ganará las elecciones que lo llevará al tercer período consecutivo de Gobierno.  La gran duda es conocer el margen por el cual le ganará al Acuerdo Cívico y Social, y a su candidato José Cano. Otra cuestión a dilucidar es saber quién tiene más votos en Tucumán: José Alperovich o Cristina Kirchner.

Según la encuestadora ICQ (del sociólogo Gustavo Acuña), el Frente para la Victoria conseguiría alrededor del 60% de las adhesiones, mientras el Acuerdo Cívico y Social el 22%. Tercera quedaría Stella Maris Córdoba con el 7%, seguida por Ricardo Bussi con alrededor del 5%. Jerez, Cirnigliaro, Luis José Bussi, y ocho candidatos más cubrirán el espacio “otros” en el escrutinio.

De esta manera, se  espera un cambio en la composición de la Cámara Legislativa después de las elecciones. En el Oeste estarían reservadas 12 o 13 bancas para los acoples oficialistas, 3 para el Acuerdo Cívico y Social, y los restantes para otras fuerzas. En Capital, la oposición podría alcanzar de 5 a 6 bancas, sobre las 19 posibles, mientras que el Este será en exclusiva para el Frente de la Victoria.  De cumplirse estos pronósticos más de dos tercios de la Cámara estarían en poder del alperovichismo.

Así las cosas, el radicalismo y el Acuerdo Cívico y Social aumentarían considerablemente su presencia en la Legislatura, la que a decir verdad ya no podría ser más exigua. En las elecciones pasadas solo un candidato que  respodía  a la UCR tucumana, fue legislador:  su presidente Federico Romano Norri.

De materializarse estos guarismos no son pocos los que especulan que el alperovichismo llame a una nueva modificación de la Constitución de Tucumán, que le permitiría entre otras cosas, una nueva reelección, la que podría ser indefinida.  Un resultado de tal magnitud legitimaría al Gobierno de cara a la sociedad para que los festejos del Bicentenario de la Independencia lo encuentren a José Jorge con aspiraciones de ser su anfitrión en el 2016.

Luego de sendos procesos internos para elegir los candidatos del radicalismo, teñidos de denuncias de fraude uno y de intervenciones externas el otro para favorecer a determinados candidatos -las PASO-, el Acuerdo Cívico y Social nunca supo convencerse a sí mismo que podría pelearle el poder al oficialismo. Las mismas rencillas internas por ocupar los primeros puestos en las listas a legisladores (puestos salibles) son una prueba del egoísmo con el que sus referentes se movieron a lo largo de estos meses, olvidando  la batalla más importante: la de la Gobernación.

Es decir, tiraron la toalla antes de empezar a jugar el partido, dejando huérfana a la sociedad y sin la opción de poder alternativo  que equilibre la balanza a favor de una mejor calidad institucional.

De cumplirse el esquema del 60% a favor de Alperovich y la especulación de la modificación de la Constitución, el gran perdedor (además de la sociedad) no sería José Cano ni ningún radical sino el intendente capitalino Domingo Amaya, quién viene trabajando para convertirse en el sucesor natural de Alperovich en el poder.

Amaya, quién se mueve con bajo perfil, viene conteniendo al peronismo ortodoxo tucumano, y creó sólidos vínculos con el kirchnerismo nacional por fuera de la estructura de Alperovich.  La apuesta por Germán Alfaro es prueba de un armado político con vistas al 2015.

Por ello, se puede decir que la campaña electoral del radicalismo en contra de la posibilidad de una modificación para lograr la reelección favorece a Amaya.  Con el agravante de ser contradictoria con la postulación, en primer término a concejal por San Miguel de Tucumán, de José Luis Avigone en la lista del Acuerdo Cívico y Social, quién va por su tercer mandato consecutivo. La misma cantidad que el Gobernador.  Postulación con contradice el discurso con el que desde el 2006 la UCR venía atacando a la última modificación de la Constitución tucumana, y a la que el dirigente Ariel García había llevado a la Justicia.

De hecho las repercusiones en las redes sociales no se hicieron esperar, y los argumentos con los que ahora el presidente del radicalismo trata de defender las contradicciones entre discurso y acción son una afrenta a la inteligencia de muchos de los electores que esperaban encontrar en el Acuerdo una opción que otros no le daban.

Instalar desde ahora en la opinión pública una probable enmienda constitucional le puede interesar a quién realmente vea afectadas sus aspiraciones en el largo plazo y no pueda decirlo en primera persona. Y por ahora, el único que viene moviéndose estratégicamente, con visión a largo plazo y con posibilidades ciertas es Domingo Amaya.

Entonces, cabría preguntarnos ¿por qué José Cano tiró la toalla, y ahora parece que juega el partido por otro?

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