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La triste realidad de la UCR tucumana

El radicalismo tucumano vuelve a perder una oportunidad de diferenciarse de las demás fuerzas políticas de la provincia, especialmente de la que más critica y a la que en los últimos 25 años la mira desde los más bajo de los guarismos electorales.

En estos momentos el peronismo y especialmente el alperovichismo se regocijan al ver como el radicalismo, de la mano del Senador José Cano y sus adláteres, destruyen la ya casi nula credibilidad de quienes pretenden convertirse en una opción de poder en la provincia.

Porque las elecciones que se iban a desarrollar ya no se harán, y la Carta Orgánica que se tiene que respetar ya no será respetada. Porque a través de chicanas entre correligionarios, acuerdos de sectores internos que se adueñaron de una representatividad que está en duda  pergueñaron una jugada política que dejó afuera a vastos sectores partidarios.

Lamentablemente la UCR se encontrará próximamente en un estado de ilegalidad.

Nadie duda de la importancia de José Cano dentro de la UCR tanto nacional como provincial, y de su rol como opositor. De hecho el camino elegido desdibuja su trabajo y lo pone en contradicción con los principios que declamó desde sus inicios como político universitario.

Hoy el canismo se puso en el centro del ring: si no aceptan sus reglas el partido podrá ser intervenido: resultado Cano interventor. En caso de aceptar las reglas: Cano Presidente. Esta última posibilidad a pesar de que la Constitución Radical en su artículo 60 expresa la imposibilidad de hacerlo. Aunque hay un tecnicismo: el artículo dice que “no podrán elegidos”, pero no dice que “no podrán ser candidatos”. Por lo que la presidencia recaería en el “Chino” Robles, ya que Jorge Chehín-quién en un principio iba a ser  el vicepresidente del consenso-, no aceptó participar de este acuerdo. Robles convocaría a la Convención para modificar la Carta Orgánica, y se proclamaría al senador nacional como Presidente. Cano gana, el radicalismo pierde. Tucumán pierde.

En el medio se encuentran cientos de dirigentes que están en la disyuntiva: detonar un partido que ya viene golpeado y ninguneado por la sociedad; o dejar hacer y mostrar que al final de cuentas, como dijo Alvaro Aurane, “perdieron la batalla cultural”.

  1. Jorge
    agosto 20, 2012 a las 1:26 pm

    Esto es la conecuencia de años de “casiquismo” de la Capital tucumana en el partido. En la calle catamarca se hicieron y se desecharon candidatos siempre, es por eso que perdieron el poco apoyo que quedaba en el interior de la provincia.

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