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Balotaje: se terminaron las palabras

Argentina está ante una situación inédita, por primera vez elegirá a su Presidente en elecciones de segunda vuelta. Además, en este lapso, por primera vez se produzco un debate televisado entre los candidatos. Más allá de la profundidad del mismo, este salto de calidad institucional nos muestra un camino que será difícil desandar.

Luego de una primera vuelta que deparó sorpresas los principales candidatos van a las urnas en lo que será una elección en la que cada voto vale oro. Después del 25 de octubre en donde Mauricio Macri se quedó bailando en el bunker del PRO, supo capitalizar una derrota como si fuera una victoria. Se vio un Daniel Scioli desencajado, y que a pesar de haber obtenido 3 puntos de diferencia sobre su rival, dejó una imagen “perdidosa”.

Graficando la situación: el FpV iba ganando 2 a 1. Les empataron en el último minuto y les expulsaron el 9 (la provincia de Buenos Aires). Ahora es hora de los penales. Y como se sabe, en esta instancia de definición: ganará el que llegue mejor anímicamente, y el de mayor carácter y experiencia. Son penales. Es una final.

A partir del 25 de octubre se vieron dos estrategias. La Fe y la Esperanza, se convirtió en Alegría y Colores. El equipo del PRO capitalizó un discurso vacío, en donde apostaban al hastío de la gente por 12 años de kirchnerismo. Desaparecieron las propuestas, y con ello sus referentes económicos, que en más de una ocasión generó dolores de cabeza al equipo de campaña.

En el FpV, después de la piña del 25 que lo dejó grogui un par de rounds, se acomodó y, luego de la reunión de Tucumán, se peronizó el discurso. Con el fin de seducir al electorado massista, de preponderancia peronista –pero con un sesgo antikerchnerista- el peronismo se hizo cargo de la campaña. La denominada “campaña del miedo”, o blanco sobre negro, fue parte de la segunda etapa de campaña. Y por supuesto, la movilización de los militantes para convencer y traer votos a las urnas de DS.

En este esquema se plantearon dos mundos diferentes, con un mismo diagnóstico. Y en donde la receta para su solución la debe dar la política. En términos económicos, tanto Bein como Melconian, y Esper como Prat Gay, coinciden. Pero en la solución para palear esos problemas radica la diferencia.

Mientras el equipo económico del PRO plantea una mejora de la competitividad de términos de tipo de cambio (principalmente del sector agroexportador), el FpV plantea devolver la rentabilidad a través de otros mecanismos como la eliminación de las retenciones, aumento de los reintegros a la exportación o compensación de fletes. Mismo problema, diferentes recetas. Claramente, yo estoy más cerca de este tipo de solución.

Hoy la Argentina necesita dólares. Y mal que le guste a ciertos sectores, la agroindustria es la principal aportante de divisas del país. En eso radica su poder. Y ambos candidatos van por sus dólares. Con recetas distintas, intentarán seducir a este sector para que liquide divisas, y eso se logra incentivando a través de la rentabilidad: via tipo de cambio, o con otros mecanismos.

 

El país está a horas de un momento histórico. Gane quien gane, yo vaticino el fin del kirchnerismo. También si gana el PRO, creo que la UCR como construcción política (u opción política para la gente) tenderá a desaparecer. Más allá de los arreglos de cúpulas y la repartija de cargos. Si, el PRO gana se dará otro hito político: por primera vez un mismo signo político gobernará CABA, la Provincia de Buenos Aires y el país. Este hecho llevará seguramente a una reconfiguración en la relación del puerto con las provincias.

Si gana el FpV, la UCR podría comenzar a recomponerse al estilo PJ (de la periferia al centro), y aquí José Cano podría emerger junto con Gerardo Morales como quién disputa la jefatura de la oposición. Ya que Sanz se vería fuertemente debilitado. Todo en el plano de las elucubraciones.

El FpV apuesta a recomponer los votos en provincia de Buenos Aires. Luego de las inundaciones pos PASO y la candidatura de Anibal Fernández la atención se centra en ver si la gente ya disipó las tensiones de un voto bronca, y si acompaña a su actual gobernador. Ahí se juega la batalla de las batallas. En Córdoba, el objetivo es bajar los 35 puntos de diferencia en Córdoba. Y por supuesto, no perder por mucho en CABA.

En pocas horas sabremos quien gobernará el país los próximos cuatro años. Luego de 12 años en donde la Argentina tuvo un transformación profunda, la gente terminará resolviendo las “contradicciones que la política no supo hacerlo”.

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