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Elecciones en Tucumán: el fin de la hegemonía alperovichista

agosto 22, 2015 1 comentario

Despues de 12 años José Alperovich se va del Gobierno en donde impuso una lógica empresarial feroz: coptar o destruir a la competencia. El 23 de agosto cambiarán muchas cosas para los tucumanos, pero también para un sector que supo hacer de la política una “pyme familiar”

Luego de 12 años de unicato, en donde la palabra de José Alperovich fue la voz de mando, comienza una nueva etapa en la provincia con un resultado electoral por ahora incierto.

El 23 de agosto se renuevan todas las autoridades que deberán conducir los destinos de los tucumanos. (Gobernador, Vice, 49 legisladores provinciales, 19 intendentes, concejales y comisionados rurales).

Desde el Acuerdo del Bicentenario aseguran que aventajan al Frente por la Victoria por 6%, mientras que desde Casa de Gobierno auguran un triunfo por más del 8% y una proyección del 15%, razón por la cual no se expuso a Juan Manzur a participar en los debates televisados entre quienes disputan el cargo a gobernador.

Más allá de las especulaciones, lo cierto es que se espera una legislatura en donde las decisiones se debatan y se aprueben. Y no como ahora en donde los 49 legisladores no tuvieron ni voz. Mucho menos protagonismo.

Luego de las PASO en el Acuerdo por el Bicentenario se comenzaron a agrietar las relaciones. Principalmente, José Cano, tiene sus reparos mayores con el PRO Tucumano, al que acusan de no dedicarle tiempo ni recursos a la campaña, y mucho menos a la fiscalización. El macrismo tucumano sabe que puede recoger la estela de votos que les deja la figura de Mauricio Macri, suficiente para estar sentados cómodamente en cualquier silla legislativa de la provincia. Ni más ni menos. Sin más ambiciones que esas, no trabajaron ni lo harán por los intereses del conjunto, principalmente los referentes de Capital y Yerba Buena argumentan.

La maquinaria electoral del peronismo se puso en funcionamiento alrededor de dos acoples: “la Lista Oficial” y “Acción Regional” liderado por el “Gallego” Ruiz Olivares. La estrategia: que en el interior se polarice la elección entre esas dos corrientes. La oficial con referentes alperovichistas, y “Acción Regional” conteniendo al peronismo “dolido” con el alperovichismo y que podrían haber optado por apoyar a Domingo Amaya, la “pata peronista” del ApB.

El domingo 23 de agosto de 2015 será una jornada que definirá el futuro de los tucumanos y de los casi 30.000 candidatos que se presentan en la pugna por algún cargo político. Es que la política en Tucumán se convirtió en más que una salida laboral.

La política en Tucumán se convirrtió en una PyME. Exactamente en una PyME Familiar. Entre las cientos de boletas y partidos se repiten los mismos apellidos. Mujeres, hermanos, sobrinos, primos, yernos, cuñados y nueras son la materia prima de los nuevos partidos acoplados.

La construcción política en Tucumán se da más en beneficio de intereses personales y grupales, que en el del Bien Común. Razón por la que el armado de las listas se hace de esta manera.

El domingo 23 de agosto, también se enfrentarán en las mesas de la capital “La Bancaria” y “la Caja Popular”. Los denunciados en la justicia por múltiples causas, Eduardo Bourlé -escondido detrás del nombre de la senadora Silvia Elías- y “Cacho” Cortalezzi aspiran a ser Legisladores por la Capital. Habrá que estar atentos a este enfrentamiento de pandillas, que tuvo ya altos picos de violencia en el último año.
El 23 de agosto se definirá también el futuro político del “Colorado” Amaya, quién “traicionó” a los peronistas al sumarse al ApB, luego de 11 años de “alperovichismo” puro. El “colorado” siempre pensó en José Cano como un aliado político: su plan B. Se preparó en el despacho de la intendencia para que Alperovich lo ungiera como su sucesor. Eso no sucedió. Elegido Manzur, la posibilidad de acompañarlo en la fórmula quedó trunca al no aceptar el pedido de dejar de lado a Germán Alfaro, su armador político. Al optar por el Plan B, se dio con la realidad que José Cano era más importante que él, y tuvo que aceptar el mismo puesto ofrecido por el incipiente “manzurismo”. Su negativa era una cuestión personal afirmaban algunos.

Así Domingo Amaya mañana podrá ser electo vicegobernador de Tucumán, y quedar en la historia como uno de los armadores de la estrategia para romper la hegemonía alperovichista, o quedar sin nada. Habrá que ver si está dispuesto a quedar como subordinado de quién en los papeles fue su subordinado, o quizás esperando una mano desde Buenos Aires.

Después del 23 de agosto, Tucumán comenzará una nueva etapa. Luego de 12 años de gestión de José Alperovich, que se retira con más del 50% de votos cosechados en las últimas PASO, deberá darle paso a otro estilo de gobierno. Ni igual, ni mejor ni peor. Simplemente distinto.

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Renovar o retener los cargos: cuando el linaje es más importante que la política

Como en la Edad Media en donde los cargos eran vitalicios y hereditarios en Tucumán sucede los mismo. Una práctica exacerbada en la década alperovichista en la que ser hermano, sobrino, primo o hijo es condición suficiente para aspirar a un cargo político, tiene su continuidad en la conformación de las listas que competirán en las próximas elecciones en Tucumán.

Renovar los cargos (a quienes la ley no les impida) o retener mediante la postulación de algún miembro del linaje familiar fue la consigna que se escuchó en las últimas reuniones de la UCR de Tucumán para la conformación de la lista del Acuerdo del Bicentenario. En la vereda del Frente para la Victoria, la conformación, bajo esta premisa, de las listas refuerzan el concepto.

Gladys del Valle Medin, esposa del coordinador del Ministerio del Interior, Darío Monteros; Daniel Alberto Herrera hijo del veterano referente peronista Alberto Herrera; Ángela Aída Jiménez esposa de Jorge Leal, jefe municipal de Burruyacu, José Alberto Gutiérrez (h) hijo de José “Gallito” Gutiérrez; y María Eugenia D’Urso esposa del legislador José León y primo del gobernador; Silvia Perla Rokjés, hermana de la primera dama; Norma Mariela Reyes Elías, esposa de Agustín Fernández (Aguilares); y Andrea Amado (hija del titular subrogante de la Legislatura, Regino Amado); serán parte de la lista oficial según consignó el diario La Gaceta en la edición de ayer. A la lista se le suma Franco Morelli, hijo del intendente de Concepción Osvaldo Morelli, entre otros.

En el radicalismo, el principal escollo con que se topan los correligionarios para consensuar la lista oficial del Acuerdo del Bicentenario (vaya paradoja) es la exigencia de varios históricos del partido quienes bajo la consigna de “renovar o retener” quieren imponer sus familiares y candidatos en “puestos salibles”. Traduciendo: estar entre los tres primeros lugares de las listas, como si todavía no le creyeran a su candidato a gobernador que puede llegar al poder. Romano Norri, García, Mendía, entre otros juegan su partido para no perder su influencia entre los correligionarios.

Estamos ante días cruciales que pueden definir la balanza electoral de las fuerzas que pugnarán en agosto con conducir los destinos de los tucumanos. Del madurez política, y desapego por los cargos (y beneficios inherentes) dependerá el resultado a obtener, sobre todo el de la oposición, la que por primera vez desde que tengo memoria tiene la oportunidad de disputar voto por voto el poder en Tucumán.

Nacer de un repollo y cambiar de bando

Las elecciones de agosto están a la vuelta de la esquina. Las cúpulas comienzan a perfilar las estrategias, alianzas y candidaturas según lo que le proponen los encuestadores, mientras las segundas líneas golpean puertas para saber dónde están parados, o simplemente si es que están.

En ese contexto las últimas mediciones lo ponen en una lucha cabeza a cabeza al referente opositor José Cano, con el candidato del alperovichismo y actual vicegobernador, Juan Manzur. Atrás relegado a un cómodo tercer puesto está el intendente de San Miguel de Tucumán, Domingo Amaya.

Los escenarios de polarización marcan que Cano podría imponerse a Manzur, sin la ayuda de Amaya. En Casa de Gobierno, aunque preocupados, saben que de mantenerse esta dispersión de votos, Manzur y la maquinaría electoral del justicialismo podría ganar las elecciones de agosto.

Amaya, que quedó en una posición Ni Ni (ni oficialista ni opositor) sabe que, como decía el ex gobernador Fernando Riera, es la “pesita de 100 gramos” que pueden marcar la diferencia. También el colorado sabe que su tiempo para acordar con el oficialismo está llegando a su final, si es que no pasó definitivamente. Sumado al hecho de que “su amigo” Daniel Scioli, en declaraciones periodísticas, dejó en claro que quiere a Manzur como Gobernador. A pesar de que hace más de un año, Amaya le juró lealtad a la ola naranja.

Una fórmula Cano – Amaya, dicen las encuestas, le daría un amplio triunfo al antialperovichismo. Amaya, huérfano de oficialismos, tomó nota y de a poco cumple los pedidos iniciales del Diputado Nacional para que rompa tanto con el alperovichismo, como con el kirchnerismo. Condición sine qua non para un acuerdo electoral.

Su salida de la mesa de conducción del justicialismo tucumano fue el primer paso.

El discurso de lanzamiento de la candidatura a Gobernador de Domingo Amaya el segundo. Atacó al alperovichismo, y se olvidó de Cristina y de Néstor. Eso si cantó la Marcha Peronista, sabiendo que ni Manzur, ni Alperovich – ni muchos otros del oficialismo – son considerados peronistas.

Pretende convertirse en el más opositor de los oficialistas. Está cambiando de bando.

Y ahora, los afiches de Amaya 2015. Sin cargo, no candidaturas.

Los tiempos electorales se acortan. Y mientras el tiempo pasa, a Cano se le complicará más internamente poder ceder la intendencia de San Miguel de Tucumán, punto esencial de cualquier trato.

La figura de Cano, parecería, va en aumento, y la oposición, se encuentra en una oportunidad única de volver a ser gobierno. Pero por ahora es solo una oportunidad, la que todavía se encuentra en el ámbito de las deseos.

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