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Macri le habló al macrismo

Estamos en un año electoral. La percepción es que la economía no da muestras de recuperación, aunque algunos economistas ya hablan de un “leve repunte”. Aunque todos sabemos la percepción que tiene el ciudadano de los economistas: el bolsillo manda, y cada vez está más apretado.

El presidente Macri habló de conciliación, pero atacó duramente al kirchnerismo al que, palabras más palabras menos, le dijo en la cara “corrupto”, y los acusó de no tener autoridad moral para esbozar crítica alguna: no hay que escucharlos, espetó.

Luego del escándalo del Correo la imagen de Macri cayó más de 10 puntos, y por primera vez las opiniones negativas son mayores que las positivas. Los que siguen teniendo esperanzas en su figura y el “mejor equipo de los 50 años” son los que lo apoyaron en la primera vuelta: alrededor del 30%. Macrismo puro.

Macri, y su equipo de asesores, decidió ahondar la grieta, y hablar con su grupo de pertenencia, aquel votante que es profundamente antikirchnerista y probablemente, antiperonista, y que pase lo que pase no le quitará su apoyo. Es que por ahora, aunque controlada, la “diáspora” macrista empieza a preocuparle al equipo de gobierno y de comunicación del presidente.

Cuando la sociedad tenía la esperanza de encontrar palabras que la guien hacia el futuro prometido, dejando de lado “la pesada” herencia, el macrismo decidió ahondar en esos conceptos. Al kirchnerismo le sumó ahora un nuevo enemigo: el referente sindical docente Baradel, al que por en un lapsus el Presidente nominó, y será interpretada como una amenaza solapada hacia el docente.

Macri decidió hablarle a sus seguidores. Terminó su discurso eufórico y subiendo el tono de su voz, en una actuación más tribunera, que la que muchos esperaban o se imaginaban. Es que sabe que si no se recuesta en la grieta (según números actuales) las elecciones de medio término podrán asfixiarlo políticamente en vez de alcanzar la oxigenación que esperaba.

¡Es la confianza estúpido!

Durante la campaña electoral, y posterior a ella, el equipo de Cambiemos sostenía el relato de que con la “confianza” todo se podía. El “shock” de confianza, a través de una apertura de la economía, solucionaría por si muchos de los problemas heredados de la gestión kirchnerista.

La confianza es un elemento clave en el mundo económico, es la que moviliza los capitales y le da sentido a las decisiones. En ese sentido Macri y su equipo  tenían razón: nadie invierte por lo que ganó en el pasado. Siempre la mirada está puesta en el futuro.

Por eso detrás de la discusión sobre la existencia de la necesidad de una “ley antidespido” es una discusión sobre el futuro y la confianza en las políticas económicas implementadas por el nuevo gobierno. O mejor dicho, en como ven en el corto plazo los empresarios la situación económica del país y el desarrollo de sus negocios.

Está claro que iniciativa por parte de la oposición justicialista está dada más por una necesidad política que por la efectividad que pueda tener la ley. Luego de levantar la ley cerrojo y de validar los DNU (como la derogación de la Ley de Medios), y ante el desmejoramiento de la situación económica y social del país, el pejotismo necesitaba mostrar un iniciativa que le dé el  aire que las internas le estaban sacando.

Por el lado del oficialismo, mostrando una vez más sus contradicciones, la amenaza de vetar la ley no hace más que exponer al presidente a una derrota, simbólica e innecesaria.

Al afirmar que el empresariado podría adelantar despidos o que la sanción de la ley era una medida que ahuyentaría las inversiones, Macri está afirmando que las empresas (sobre todos las grandes empresas) no confían en el futuro cercano de la economía argentina. Porque carecen de la confianza de que en el corto, y mediano plazo, sus negocios mejoren (dada la caída del poder adquisitivo de la gente y la recesión en la que se encuentra el país). La solución, el recorte de personal o el cierre de sus negocios.

Que haya una ley “antidespidos” solamente “afectaría” a las pequeñas y medianas empresas (pymes) quiénes aportan el 87% (aproximadamente) del empleo en la Argentina. Y las que sabemos son las más reacias a desprenderse de un trabajador por la naturaleza de las relaciones entre el empleador y sus trabajadores. En este contexto, un acuerdo con las grandes corporaciones (las que se vienen beneficiando con las políticas de Cambiemos) solo será una imagen para las fotos, ya que en caso de necesidad para ellos un trabajador es solo un número.

Lo que el Gobierno de Cambiemos debe trabajar es en la implementación de políticas que generen el bienestar de los consumidores y empresarios. Es decir, recuperar la confianza. Por que parafraseando a Clinton cuando hablaba de la importancia de la economía en su campaña electoral: “¡Es la confianza, estúpido!”

 

Tiempos de oficialismos

Las campañas políticas nos aturden todos los días con la palabra “cambio” con múltiples adjetivaciones y enmarcada diferentes contextos. Pero a la vista de los resultados provinciales, la pregunta es saber si la gente quiere realmente un cambio y, en caso afrmativo,  qué tipo de cambio es el que anhela.

Cambio, en todas sus acepciones: con continuidad, justo o total. Que sea ya y no después, o que el cambio no se de nunca. Que el cambio lo representa uno y no el otro y viceversa. Estamos en épocas preelectorales y el botín parecería ser el concepto del cambio. El que se apropia del mismo, ganaría la guerra.

La palabra cambio, rima con todo y queda bien a todos. Ni una idea más y ni una menos.

Pero a la luz de los resultados electorales que se están dando en las provincias, la pregunta a responder es saber si la gente realmente quiere un cambio, y en caso de que así sea: qué es lo que realmente quiere cambiar.

Los candidatos, más moderados que las bases, tomaron nota y nadie se atreve a prometer un golpe de timón. Scioli explicita el cambio con continuidad; Massa el cambio justo y Macri, sin decirlo, tampoco habla de un cambio radical. La UCR, bien gracias.

Del análisis frío podemos afirmar que pocos están en contra de las políticas fundamentales del kirchnerismo: Derechos Humanos, Asignación Universal por Hijo, repatriación de científicos, estatización de Aerolíneas Argentinas, recuperación de fondos jubilatorios por parte del Estado, y de YPF, identidad de género, ley de medios, etc.

Probablemente, ante estos títulos el elector está cansado de las “formas”: corrupción, intolerancia, animosidad, violencia, etc. La famosa grieta y una sociedad cada vez más dividia.

Los resultados en Salta, en Santa Fe –en donde después de las PASO el FpV tuvo un crecimiento exponencial-, Rio Negro,  próximamente en Mendoza, y las encuestas en Córdoba y en otros distritos electorales, dibujan un mapa electoral provincial en donde los oficialismos tienen una gran adhesión. No importa el color ni el partido. En la mayoría de los casos, la  adhesión es mayoritaria, lo que les permite retener el poder.

En síntesis, el electorado está eligiendo la continuidad de los gobiernos provinciales más allá del color y del partido. Parecería que la gente aprueba lo hecho en sus provincias, en la mayoría del país.

Un dato no menor, Alperovich se está yendo del gobierno con una imagen personal positiva del  50%. Con mucho esfuerzo desda Casa de Gobierno intentan que Juan Manzur sea el heredero de la impronta del gobernador, aunque por ahora sin mucho éxito. Por ello José Cano, y sus a asesores, anotan este dato y desistirá de su candidatura a Senador, redirigiendo sus misiles al ex Ministro de Salud de Cristina Kirchner.

La decisión de Scioli de sumar a Carlos Zanini, pingüino de la primera hora y hombre de confianza del matrimonio Kirchner- tiene como objetivo asegurar esa continuidad de las políticas fundamentales del “proyecto”. Daniel Scioli es el representante de la liga de gobernadores y del PJ Nacional. Zanini del kirchnerismo puro. La fórmula, es la síntesis perfecta del pejotismo y las agrupaciones progresistas que forman el kirchnerismo.

El PRO necesitará de generar grandes ventajas en las provincias del centro para compensar el peso del oficialismo nacional en el resto del país.

Más allá de las victorias parciales, que serán mostradas como rounds de una pelea continúa me atrevo asegurar que, como lo dije en 2013 que fue el tiempo de la oposición en las elecciones legislativas nacionales, el 2015 pareciera que es el tiempo de los oficialismos. Ergo, el cambio: bien gracias.

El discurso de los políticos y el voto de la gente: “el que pega, no recoge”

agosto 18, 2011 1 comentario

El 14 de agosto día del debut de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) obligará a las fuerzas opositoras a, entre otras cosas, rever la manera de comunicarse con los argentinos, sus electores.

Ninguna fuerza opositora, por acción u omisión, pudo erigirse como una opción válida para el electorado frente al Kircherismo. Los menos de 500.000 votos que separan a Duhalde, Alfonsín, Rodriguez Saá y Binner son la pesadilla hecha realidad para lograr la polarización que les de la posibilidad de derrotar a Cristina en segunda vuelta.

Ningun opositor logró erigirse en opción porque nunca supieron despojarse de un discurso opositor. Discurso que les fue útil en las elecciones legislativas del 2009, cuando se elegían parlamentarios.

“Si tu discurso es de oposición y crítica, inmediatamente el elector te coloca en esa posición”, les repite el Director de AsesorAr CI – y hacedor de grandes triunfos electorales – a quiénes vienen a consultarle y aspiran a captar el voto de la gente.

Esto no significa que en el discurso y campañas los opositores dejen de lado la crítica. Lo importante es “que le den una salida a cada crítica. A cada problema una solución”. Repite y repite.

El ejemplo más concreto se llama Elisa Carrió. La más acérrima opositora al kirchnerismo, que en esta ocasión fue acompañada por solo el 3% de los votos, contra los más del 20% del 2009. Pareciera ser que el electorado colocó a Carrió y su Coalición Cívica en el rol de quienes no tienen las capacidades necesarias para gestionar. En realidad la CC se colocó a sí misma, con su crítica acérrima y ciega. Está claro que la mayoría la quiere a Lilita en el Congreso de la Nación, pero no sentada en el Poder Ejecutivo.

De Narváez también sufrió el abandono de quienes lo votaron en el 2009. A pesar de que el Colorado no se cansa de repetir que “tiene un plan”, para solucionar los problemas de seguridad, salud, etc. hasta ahora nadie sabe cual es, y como lo haría.

Luego de una campaña de ataques y críticas fuertes al Gobierno, De Narváez ahora sale diciendo que está  “de acuerdo con muchas cosas de este Gobierno”. Tarde se dio cuenta.

Alfonsín comenzó con una campaña inteligente y con un discurso sensato. Pero las últimas semanas no pudo con la tentación y viró a un discurso menos constructivo y de críticas sin salidas. Los spots de seguridad, del indec, inflación, etc. hicieron añicos lo que había construido desde su lanzamiento a la carrera presidencial.

Es verdad que se puso de lado del consumidor (o posible votante, compartiendo sus experiencias y sus realidades) pero nunca mostró una solución. Y se olvidó de que su apellido representa también, para muchos –sin importar si es verdad o no- el desgobierno y la hiperinflación.

Lo de Binner es destacable. Con pocas semanas de campaña, con un discurso sensato, con antecedentes de gestión, apuntalando lo positivo de la gestión actual, pero resaltando sus errores logró más del 10% de los votos. Porcentaje que podría ser el piso para octubre.

Los argentinos evidentemente han apostado a la continuidad. Lo hicieron en todas las provincias (menos en Catamarca), y aparentemente lo harán a nivel nacional.

La principal causa, es que ninguna de las fuerzas logró construir la credibilidad de ser una etapa superadora de este Gobierno. Sus maneras de hablarle a la sociedad los colocó en la mente de los argentinos como grandes opositores, sin capacidad de gestión.

Le sirvió a Pino contra Mauricio, a De Narváez, Lilita y a la oposición en general contra Kirchner en el 2009. Y seguramente le pasará al Acuerdo Cívico y Social en Tucumán, porque olvidaron que hace dos años fueron elecciones legislativas, en donde oficialismo y oposición conviven y discuten las leyes y la política.

Criticar por criticar, oponerse por oponerse no es el discurso indicado para quien quiere construir poder político y llegar al poder ejecutivo.

Ahora, es el momento de discutir quién tiene la capacidad de gestionar. Y el que critica no hace, y como dice Miguel Cuello (h) – Director de AsesorAr CI – en política el “que pega, no recoge”, sino pregúntenle a la oposición y a Lilita Carrió.

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